Celades y la urgencia de un banquillo que no tiemble

El club amarillo destituyó a Idiakez y presentó a Celades en cuestión de horas, a las puertas del arranque liguero. Más allá del nombre elegido, la premura vuelve a poner sobre la mesa una pregunta que el cadismo lleva tiempo formulándose: ¿puede un proyecto crecer si nunca se le da tiempo para asentarse?

OPINION

José Carlos Pérez Arias

8/21/20263 min read

Hay decisiones que se toman con la cabeza fría y otras que se toman contrarreloj, con el calendario respirando en la nuca. La llegada de Albert Celades al banquillo del Cádiz CF pertenece claramente a la segunda categoría. En apenas unas horas, el club amarillo pasó de confirmar la salida de Imanol Idiakez a presentar a su sustituto, con la Liga llamando a la puerta y una plantilla que tuvo que asimilar el cambio de mando casi sin margen para digerirlo. No hace falta ser cadista de toda la vida para intuir que ese vértigo, por sí solo, ya dice algo incómodo sobre cómo se gestionan los tiempos en Cádiz.

Celades no llega como un nombre improvisado. Su currrículum tiene capas: formado como futbolista en el Barça de Cruyff y en el Real Madrid de los galácticos, dio el salto a los banquillos dirigiendo las categorías inferiores de la selección española, pasó por el cuerpo técnico de Lopetegui en el Real Madrid y asumió el reto de entrenar al Valencia en 2019, experiencia que terminó de forma abrupta apenas nueve meses después. Tras un paréntesis de más de seis años sin dirigir un banquillo, su breve paso por el Pafos chipriota, de solo tres meses, tampoco permitió construir nada duradero. Es un perfil con currículum, sí, pero también con una historia reciente marcada por proyectos cortos e interrumpidos. Y ese detalle no es menor cuando lo que el cadismo lleva años reclamando, precisamente, es continuidad.

Porque el problema de fondo no es Celades. El problema es el patrón. Un club que cambia de entrenador a las puertas del primer partido de Liga no está resolviendo una crisis deportiva: está confesando que la crisis empezó mucho antes, en el despacho, en la planificación, en la falta de un proyecto que sostenga a un técnico más allá del primer bache de resultados. La reacción de la afición, que no tardó en manifestar su malestar en redes, y el mensaje de una leyenda del cadismo pidiendo respeto hacia los abonados, no fueron un capricho ni una rabieta desproporcionada. Fueron el síntoma de un vínculo que empieza a resentirse cuando las decisiones se toman de espaldas al calendario emocional de quien paga el abono cada agosto con la ilusión intacta.

La estabilidad en el banquillo no es un valor romántico ni una excusa para tapar la mediocridad. Es, sencillamente, una condición necesaria para que un proyecto deportivo tenga tiempo de manifestarse. Ningún entrenador construye una idea de juego, una jerarquía en el vestuario o una identidad reconocible en cuatro días de pretemporada improvisada. Los equipos que compiten arriba, en cualquier categoría, suelen compartir un rasgo que rara vez aparece en los titulares: le dieron tiempo a alguien. Le permitieron equivocarse, corregir, insistir. El fútbol reciente está lleno de ejemplos de clubes que cambiaron de entrenador cada seis meses buscando el atajo y terminaron exactamente en el mismo sitio del que querían escapar, solo que con menos paciencia acumulada y menos crédito ante su gente.

Celades tiene ahora la tarea, nada sencilla, de convertir una llegada de urgencia en un proyecto con recorrido. Dispone, según lo anunciado por el club, de un contrato a más de una temporada, lo cual es, al menos sobre el papel, una declaración de intenciones. Pero los contratos largos solo significan algo si van acompañados de una gestión coherente por parte de la directiva: si el entrenador que se contrata en agosto no es sacrificado en noviembre al primer tropiezo, si la plantilla se construye pensando en su idea de juego y no al revés, si el club entiende que la paciencia no es debilidad sino la única vía razonable para construir algo que dure.

El Cádiz CF no necesita solamente un buen entrenador. Necesita, sobre todo, dejar de necesitar uno nuevo cada temporada. Esa es la verdadera prueba a la que se enfrenta esta contratación: no si Celades acierta con el once inicial del primer partido, sino si el club es capaz, por una vez, de sostener su apuesta más allá del primer temporal. La afición ya ha dado suficientes muestras de fidelidad. Le toca ahora a la entidad demostrar que sabe corresponder con algo tan sencillo, y a la vez tan escaso en el fútbol moderno, como la constancia.

José Carlos Pérez Arias es Abogado en ejercicio y empresario

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